Llamados a ser santos y misioneros

El ApostoladoVivimos tiempos de urgencia, tiempos de acción en los que el compromiso efectivo no se puede hacer esperar. La misión que anuncia el Evangelio del Señor Jesús es una tarea que debe asumir su rol prioritario en la vida de cada cual.

Perder de vista esa dimensión fundamental del apostolado es arriesgar perder de vista la meta a la que nos sentimos llamados, la participación plena en la Comunión de Amor por toda la eternidad.

"Despierta hermano, despierta hermana, es hora de la acción, es hora de compartir sin miedos la audacia de creer y la inmensa alegría de haber recibido el don del Señor Jesús"

Escuchemos su voz y seamos misioneros al servicio de la Vida en Cristo, desde nuestras propias realidades, desde nuestro día a día, en los distintos ambientes. No temamos. No temas persignarte cuando estás en un restaurante, en un lugar público en que vas a comer y quieres bendecir el alimento que Dios te da. No temas hacerlo. No temas persignarte cuando pasas delante de una iglesia, como hacíamos siempre antaño, reconociendo ahí con admiración y gratitud la presencia real del Señor. Hasta en esas cosas pequeñas, desde esas cosas pequeñas deberemos empezar el proceso misional, para que este proceso sea real, y para que esta Gran Misión Continental a la que se nos invita sea también una misión efectiva que cambie la realidad de nuestros pueblos y nos acerque al Señor.

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