Tengo un hijo pequeño muy inquieto ¿Que hago con él?

Por Francisco Gras - www.micumbre.com

En los primeros años de la vida de los niños, sus continuas e ilimitadas actividades como saltar, correr, gritar, etc. forman parte del comportamiento normal de la mayoría de los niños pequeños, aunque suponen para los padres una gran preocupación y agotamiento, pero tienen que irse acostumbrando, pues deben darse cuenta, que es la forma de avanzar en la vida, queriendo tomar sus propias decisiones.

No se trata de que los padres dejen hacer a sus hijos pequeños, todo lo quieren o que les den todo lo que les pidan, deben enseñarles a tolerar la frustración que les suponga, el no obtenerlos, a tener paciencia,  a saber cuales son los limites de convivencia, etc.

No es un problema de, ser demasiado blandos o demasiados duros con los hijos. Los padres tienen que encontrar soluciones inteligentes y creativas, para afrontar esas situaciones naturales y lógicas, que ocurren a esas edades, pero sin etiquetar al niño en lo que pudieran creer que son defectos. Los padres no tienen que confundir los niños inquietos, con los niños maleducados,  desobedientes, excesivamente mimados, consentidos, groseros, intolerantes, etc. Tienen que tratar que sus hijos se comporten de forma educada, amable, social, etc.

La rebeldía es consubstancial a los niños, e incluso buena. Es preferible que un niño sea algo inquieto y rebelde, a que sea blandengue, pelele o que no tenga voluntad propia, sobre todo en las etapas en las que debe de aprender a ser autónomo, a tomar decisiones, a argumentar, a distanciarse de la madre. No se debe de confundir la rebeldía, con la tiranía, aunque parecen similares, son opuestas, si la tiranía no se frena, acaba por estallar en causas peores. Las características de los niños tiranos son: Su falta de empatía, su bajo sentimiento de culpa, su falta de arrepentimiento por los actos cometidos, su insensibilidad ante el dolor que causan a sus padres, hermanos, profesores y amigos, su regocijo haciendo daño, etc.

Los padres no deben de catalogar a sus hijos, como violentos, pero tampoco deben de minimizar el problema, aunque les cause pena y por ello les den sobreprotección y sentirse culpables. Si, tienen que poner freno a esta situación, para no ser padres inseguros. Los padres tienen que tener con los hijos mucha paciencia, dedicarle todo el tiempo posible, gran firmeza, comprensión y cariño.

La primera obligación de los padres, es llevarles a su médico pediatra, para que dictamine si el hijo tiene alguna enfermedad o si sus actuaciones son normales a su edad o son producto de la mala educación familiar que han recibido. Algunas veces los niños muy consentidos, mal educados y sin límites de comportamientos bien definidos, tienen reacciones que parecen síntomas de enfermedades, cuando en la realidad son producto de la mala educación recibida.

Si el medico le diagnostica Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH o TDA), que se caracteriza por el déficit de atención, impulsividad y/o hiperactividad excesiva o inapropiada para la edad del niño, lo que pudiera dificultar su desarrollo, los padres deberán obtener más de una opinión, pues en algunos países, al primer diagnóstico, ponen al niño en un programa de medicamentos, que normalmente le durará toda la vida, por lo que quedará estigmatizado para siempre, ante sus compañeros de escuela, familiares y resto de la sociedad. Es muy importante evitar que se etiquete al niño, como inquieto o hiperactivo, sino todo lo contrario, hay que buscar alternativas para motivarlo a mejorar y a aprovechar su capacidad.

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