¡Ayúdame a llegar al cielo!

Mario4Por Alexandra Salazar
“No te despidas todavia” me decia Marito unos dias antes de morir. Ambos sabiamos que la muerte estaba cerca pero cada minuto que Dios le concedia era muy valioso. Era dificil partir, dejar atrás, esposa, hijos, familia, amigos…su vida. Yo solo queria que supiera lo mucho que lo amaba y lo agradecida que estaba por todo lo que me enseño, por todo lo que me dio, por todo lo que vivimos juntos. “Ayudame a llegar al cielo” le repeti muchas veces.

Todo lo aprendido, recibido, vivido, todo cobraba un sentido profundo. Marito se estaba jugando el todo por el todo! Hacian ya dos años en que a Mario le detectaron cancer al pancreas. Recuerdo vivamente cuando le pidieron ir al hospital a realizarse una operación para remover lo que pensaban era una piedra en el ducto biliar. “Tengo miedo” me dijo, yo no le hice mucho caso pensando que seria algo sencillo y todo volveria a la normalidad. Marito lo intuia pero yo no sabia que seria el inicio de un camino que transformaria nuestras vidas.

De pronto nos encontrabamos viviendo una realidad que pensabamos lejana. Nacia en nuestros corazones la urgencia de pedir a muchos por sus oraciones. Eramos conscientes que necesitabamos de la fuerza de Dios para recorrer este camino.

Mario1Fue como si Dios se hubiese inclinado sobre nosotros para sostenernos en un abrazo. La gracia estaba alli y muy fuerte. Siempre nos sentimos profundamente amados y sabiamos que todo esto tenia un sentido, no todo estaba claro en ese momento pero nos aferramos a la cruz.

La cruz! La cruz que purifica y salva! Marito supo abrazarse a la cruz con valentia, con generosidad, con amor. El camino no fue facil, fueron muchos dias de incertidumbre, de visitas a medicos y dias en el hospital, de someterse a distintas intervenciones, tratamientos y pruebas… pero Mario era fuerte y nunca perdio la esperanza, fuente que le permitia irradiar alegria en medio del dolor. Recuerdo conmovida despues de su primera radiacion la respuesta que le dio al doctor luego que este le preguntara como se sentia, “estoy radiante!”

Fueron dos años en que Mario vivio la mortificacion, sufriendo pacientemente, nunca se quejo. Docilmente adheria su dolor al misterio de la cruz y se dejaba transformar por el. “Si tu por ventura mil cruces recibes, alaba esa suerte de males benditos, que acercan a aquel que habito entre los hombres, aquel que murio para llevarnos al cielo” canto muchas veces en su vida.

Mario2Todos pediamos por un milagro, pediamos por su curacion y lo hicimos con fuerza hasta el final. Pero el Señor estaba transformando la vida de Mario a un nivel mas profundo. “Ya entiendo” me dijo un dia, “el milagro es que Dios me ha salvado!” Marito se habia unido aun mas a Dios abrazando su cruz y esa union con Dios fue para el, el verdadero proceso de su curación!


Los ultimos dias de su vida, abri de par en par la puerta de mi casa. Nuestra comunidad de amigos llenaba su cuarto con canciones y oraciones! Aquella comunidad en la cual Mario y yo nos encontramos con el Señor Jesus y en donde nuestra fe se hacia vida! Marito estaba acompañado, rodeado de amigos, envuelto en amor. “Tener una comunidad de amigos es tener un pedacito de cielo en la tierra!” nos dijo a todos un dia. Nos sentiamos en el cielo!

Mario3En medio de todos esos dias en que mucha gente vino a rezar por el, el Señor preservo con mucha delicadeza un momento especial para Mario y para mi. Fue la mañana del quince de Diciembre. Marito me esperaba ansioso a que abriera mis ojos. Respiraba con dificultad, pense que necesitaba su medicina…le di un beso y me quede a su lado. El Espiritu Santo suscitó en mi leerle la Biblia, inbuidos en la presencia de Dios abri al capitulo 11 de Juan. Nuevamente el Señor nos recordaba sus Palabras de amor en el pasaje que habia acompanado a Mario durante toda su enfermedad: “Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado en ella” “Yo soy la resurreccion, el que crea en mi, aunque muera vivira, y todo el que vive y cree en mi no morira jamas. Crees esto?” Al terminar de leer y al abrazarme a el, Marito expiro. La presencia de Dios era muy fuerte, y yo pude tocar la eternidad!

Marito no sufrio en vano, su dolor fue muy fecundo, ha sido fuente de innumerables bendiciones para mi, mis hijos y muchos otros! “No hay cristianismo sin cruz” me repetia muchas veces. “Todo con alegria” me enseñaba, alegria profunda que inunda el corazon en medio de un dolor que desgarra!

Varias veces le pedi a Marito que les dejara algo escrito a sus hijos pero les dejo algo mucho mejor. Les escribio con su vida, fuerte y claro, que Dios existe, que Su amor es real, que salva y que es mas fuerte que la muerte!

Te amo Marito!

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