Mi testimonio a favor de la vida

san franciscoPor Javier Guillén
¡Paz y Bien! Mi nombre es Javier Guillén, soy novicio de la Orden Tercera de San Francisco; para quien no conozca a San Francisco de Asís, tan solo decir que fue una persona profundamente humana y profundamente espiritual, y lo espiritual lo llevaba a ser más humano también, a vivir su humanidad plenamente; y cómo no, decir que fue una persona totalmente agradecida con la vida, vivió cada segundo dando gracias por la vida, agradecido con el regalo de la vida; porque es un regalo la vida.

Cuando te dan un regalo tú no eliges lo que te van a regalar, sino que te llega; y ¿quién eligió vivir? ¿Quién de nosotros dijo un día: "tengo ganas de ser creado, voy a existir, voy a nacer? Nadie, ¡es un absoluto regalo! No elegimos ser creados ni nacer, ¡es un regalo que nos ha sido dado! Por eso éste, mi humilde testimonio, es un testimonio muy agradecido con la vida y es un testimonio para todos, pues todos tenemos este gran Regalo de la vida. Si hay alguien que no tenga este Regalo de la vida, con seguridad afirmo que no estará leyendo o escuchando estas palabras, ¿no creen? ¡Por favor, si me equivoco, el que no tenga vida que me corrija!

Queridos hermanos, cuando mi madre estaba embarazada de mí, tenía 45 años pasados. La verdad es que no me esperaba, porque hacía ya como un año que se le había retirado el período, que se inicia con la edad fértil de la mujer y desaparece junto con la fertilidad de ésta debido a la edad avanzada. Es por esto, que mi madre, al sentir algo raro en su organismo, no se planteaba la idea de poder estar embarazada; y acudió al médico con la idea de que tenía un cáncer. Y el médico, tras descubrir que estaba embarazada, le dijo que el "cáncer" era yo. La alegría inicial de mis padres (pues gracias a Dios mi padre, en Paz descanse, estaba junto a ella en la consulta médica) fue total, puesto que se descartaba la enfermedad y llegaba la buena noticia del embarazo. Pero aquí llegó el obstáculo mayor, aquí la Vida les puso de frente ante una elección fundamental: elegir vida o elegir muerte. Resulta que el médico, con sus conocimientos médicos en la mano, le desaconsejó totalmente que siguiera adelante con el embarazo, alegando que tendría demasiados problemas en el parto y que la criatura saldría muy mal; es decir, yo. Y concluyó el médico, dándoles a mis padres la dirección de una clínica para que mi madre se dirigiera a que le practicaran el aborto. Parece que mis padres, ya dentro de la consulta, se entendieron sin ni siquiera hablarse, y lo que entendieron interiormente fue que no estaban de acuerdo con la decisión que les estaba prescribiendo el médico. Y al salir de la consulta mi madre fue clara: que de abortar nada, que sea "lo que Dios quiera". Con esa bendita frase, "lo que Dios quiera", que tanto se oye (tal vez hoy en día, un poco menos, por la falta de fe que sin embargo tanta falta nos sigue haciendo), pues con esa frase vivida, "lo que Dios quiera", se produjo la diferencia entre optar por una decisión a favor de la vida o la otra decisión en contra de la vida. Y lo que Dios quiso es que yo les esté hoy aquí escribiendo o hablando, ¡Gracias! Gracias a Dios y a mis padres que se atrevieron a vivir esa frase, "lo que Dios quiera", y gracias a eso me dejaron nacer. Y tengo que decir que luego mi madre, en el parto, no tuvo ninguna complicación; ni yo he tenido ningún problema, a lo largo de mi vida, fuera de lo normal. ¡Bendito Dios!

Doy este testimonio, muy agradecido por vivir, por todo lo que ya he vivido, por lo que estoy viviendo y por lo que me queda todavía; ¡y nada de esto hubiera sido posible si no me hubieran dejado vivir! Cuando me pregunta la gente si estoy en a favor o en contra del aborto, muy sencillamente les respondo que estoy en contra del aborto porque no puedo estar en contra de mí mismo. ¿Cómo voy yo a estar a favor del aborto? No, gracias, ¡estoy a favor de mi vida! ¡Estoy a favor de la vida! ¡Estoy a favor de la vida de todos ustedes, los vea o no los vea! Un día leí que todos aquellos que están a favor del aborto, un día los dejaron nacer. ¿Quién me dice que esto no es cierto? Cuidado también con los sinsentidos de los razonamientos egoístas, aunque vengan de un científico médico: ¿cómo va ser una razón de abortar que una criatura tenga una discapacidad intelectual? Entonces, si la discapacidad intelectual le sobreviene a los 3 años, o al año, o al mes, ¿lo matamos?

Hermanos, con cada palpitar de mi corazón, con cada respiración, con cada palabra que escucho, con cada palabra que digo, estoy agradecido a este gran Regalo que es la vida. Puedo palpitar, puedo respirar, puedo escuchar, puedo sentir, puedo hablar, puedo pensar, puedo amar, PUEDO VIVIR, cómo no voy a estar agradecido a Dios y a mis padres por ello. Y una humilde manera de agradecer es transmitir mi testimonio, y animarles Mucho a todos a que luchen y sigan luchando a favor de la vida, para que se decante la balanza de la decisión a favor de la vida y no de lo contrario, que es muerte; animarles a que con Amor no bajen sus brazos luchadores, pues el Amor engendra vida, y Bien vale la pena.

Un fraternal Abrazo a todos. Que el Señor les dé la Paz.

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